Segar la sierpe.
Cuándo a mis oídos llego la mala noticia era demasiado tarde,poco se pudo hacer, el día había sido caótico para mí y me fue imposible estar con quiénes le acompañaron el resto del día;con el último adiós que se llevaría de esté frágil mundo. Hubo rostros de tristeza cuando pude verles,y de congoja,era de esperarse.Acepté ése embargo aunque fuera solo un resquicio de lo sentido hasta ese momento. El problema es que yo era solo un conocido para ellos,un amigo cercano, cuándo esa noticia fue diseminada fue solo por gratitud el que me encontrará al día siguiente a su lado,entre ellos en ése difícil momento. Algunos ahogaban su llanto,otros permanecían en un silencio plausible y los más allegados por sangre daban muestra de su dolor a viva voz;y me era incomodo verlos con su tristeza a su espalda. Días después supe lo que ocasionó el deceso de quién sería la cabeza principal de la familia,nada fuera de lo común. Pero las rencillas personales afloraron, poco pudieron ocultarlas y c...