La mesa y el escritor.
Lo que quisiera preguntar resultaría irrelevante, han pasado algunos años y al percatarse del cansancio que le invadía y con una pobredad intelectual que resultaba decepcionante, su espíritu olvidó debatir entre las certezas y la credulidad del porvenir. Sus ambiciones eran reflejadas sobre aquella mesa en la que sostuvo con amenidad las visitas regulares, quiénes le veían como un verdadero escritor y conocían sus afectos, intenciones y predilección. Sus convicciones las asimilaba, por completo, en la derrota personal y eso le haría caer en un suelo que había caminado tantas veces cuando la desilusión llegaba en el momento menos conveniente, un poco impertinente. Sentía la necesidad de encontrarse con alguien más, aunque fuese algún desconocido a lado de esa mesa en una larga conversación con sinceridad y desahogo; imprecar de su ego intelectual de sapiencia y en el viejo arte de escribir. En la mediatez de poseer lo apreciado como también los mér...