La utopía del Sr.E
Las condiciones del Sr. E nunca fueron superficiales,había un hálito de comprensión sobre la humanidad en general e incluso en las reuniones de las cuales era partícipe,cuándo el momento pertinente de cada cuestión le interesaba daba muestra de su conocimiento.Lo veíamos como un ser idealizado que se inmuscuia en éste nuestro tiempo.
Un hombre que permanecía desde un pasado y se encontraba entre nosotros,y nuestra ambición era habernos entre sus allegados como sus más preciados conocidos. Era magnetica su sola presencia tratando las cosas con delicadeza,sin provocar ofensa alguna para terceras personas.
Tenía la actitud de opinar primero en las cuestión de nuestras reuniones, por simple que fuera; de los criterios encontrados y de sus propias premisas ,que al distinguirlas obtenía entre cada una de las opiniones lo que parecía ineludible en sus conclusiones:"Es ahí dónde se encuentra a veracidad del hombre en cada uno de sus deberes y quehaceres..."
Esa era la utopía del Sr. E que creíamos ver que transgredia desde su posición lo presente a través de los dilemas existentes.Habia en él y su lógica un antecedido ejercicio político y aunque fuera debatible tenía la predisposición de asumir algún equívoco en sus deducciones para dejar a un lado la indecisión y la mayoría de las veces era irrebatible.
En esa utopía lo conveniente para el Sr. E era asumir las contradicciones,eso era en suma imprudente;pero tenía la osadía de llevarnos por el camino de refutaciones y llegar a propias respuestas.
"Las verdaderas contradicciones solo son convenientes en nuestro pensamiento..." Y aunque sabiendo de antemano su posición política encaraba esa cuestión en la misma índole, con el predominio de una vasta reacción opuesta a su ideología.
"Son convenientes los hechos,las acciones y las reflexiones ante cualquier otra cosa..."
A cada uno de nosotros respetaba en nuestras opiniones y es eso,por cierto,que causaba aceptación por parte nuestra buscando e indagando en observancia de algunos hechos, pues estos dejaban pie en la veracidad y que eso era lo que se pretendía.
Es sabido que se desenvolvía en una sociedad complaciente,de ahí nacia su utopía y solo por el hecho de encontrarse sobre una distinción personal y distinta de su racionalidad, que siempre nos sorprendía,la amenidad en nuestras reuniones estaba siempre presente,desde el comienzo de cada una de esas reuniones al cruzar la puerta hasta la hora en que es conveniente dejar las disertaciones para alguna otra noche.
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