Una mirada en el silencio.

La noche siempre crea un sugestión, cuando es preponderante el silencio y el sueño parece irreconciliable,no son solo las dudas las que predominan en un incesante divagar cuándo se dejan detrás demasiadas premisas en los mismos pensamientos, las preguntas que innecesarias eran parte de un ayer que no pretendes sacar a flote; aquellas preguntas que sabes de memoria y las conoces como el palmo de tu mano,sino también el desconcierto de la memoria puede subyugar.
Así de irreconciliable es el sueño a la par de una sugestión romántica que pudiera surgir en el mismo silencio de la noche y, pretender en la inquietud de las experiencias, aunque fuesen inoportunas de aquellos lejanos días;
que algunas veces traicionan la comprensión de viejas sutilezas, y por mucho que se haya madurado estas van al pie de las situaciones en las que te abres a alguna otra experiencia, como de la sugestión de esta noche que se muestra inquieta como diferente y que rompe toda quietud.
¿ Por qué la sugerencia de la noche?¿Para qué caer en su misma sugestión?
En un silencio breve y con el desvelo,dónde no existe alguna intención, el alrededor se vuelve más sutil tratando de persuadir con la quietud cada evocación, disentir de su calma y de la tranquilidad perpetrada; creando un síntoma e irrumpir en la parsimonia de cada ser que guarda el secreto de su alma licenciosa.
Ahí se encontraba entonces el sutil vaiven de un gato que ronda sobre el tejado,el sonido del agua al caer;el ruido casi incesante de alguna máquina que se escucha a lo lejos,sin saber de dónde proviene y a qué clase pertenezca; que rompe la quietud y el anhelo de pasar inadvertido en la tranquilidad de ésta noche en su profunda oscuridad y que se encuentra en la búsqueda de la interiorización personal.
No,se vuelve imprescindible cada momento en el que escuchas la propia respiración, y el entorno descansa en una tenue luz con los instantes subsecuentes, de una levedad en el aire breve y ligero.
Una mirada al silencio.
Y en esa levedad la fragilidad de ver rota toda quietud que podría quebrantarse en cualquier momento,sin mirar nada hacía el exterior ,para vislumbrar la causa de la querella del silencio absoluto,casi imposible,con el denuedo de la percepción de lo que parece infranqueable: la mansedumbre.
En lo sugestivo el más leve declinar en el silencio se vuelve un ápice para mutar el ser en una sola parte cualitativa,con un deseo de concebirse imprescindible o por lo menos permanecer en la creencia que es así desde tiempos inmemoriales como el "ser" que ha pernoctado en su conciencia.
¿Por qué a partir del silencio se concebirá esa creencia? ¿Que de particular lleva ese silencio para engendrar tal discordia?
Si no es más que en los sentidos la percepción de un estado de tiempo y un breve conocimiento de permanencia,que olvida y deja su desnudez refugiada en la misma proclividad del silencio.

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