Podredumbre.
En el transcurso de los días el tren avisaba su
paso para romper la monotonía, en ocasiones despejaba la somnolencia y su pesadez, rompía la tranquilidad que se disimulaba y se olvidaba el ocio como el hastío de las horas restantes.
A diferencia del sol que impregnaba desde el amanecer ,al comenzar la noche se escuchaba el sonido gelido del viento, un poco lúgubre como un largo gemido; y me parecía que rondaba en los alrededores de la casa pues, trataba de saber de dónde provenía y en qué sentido se perdía el afluente. Suponia que lo hacía entre las viejas calles que apenas vislumbraban alguna luz, que incluso cuando ese gemido lo escuchaba rozar la ventanas entreabiertas llegaba a intimidar.
En el paraje que me encontraba cruzaba un río con asentamientos de miseria, eso era lo primero de lo que te percatabas y a simple vista era una condición indudable, poco creíble, pero así era.
Vagaban los perros buscando un poco de alimento y respetase su hambre. Los hombres andaban en la más baja condicion, y no era extraño encontrarse entre las hierbas secas o en las rocas del río, a algún pobre infeliz que debía algún bien y pereciera a manos de algún desconocido.
¡Muy pocos lloran a los maledicientes!.
Cuándo se camina por esas calles no era extraño encontrarse con algún moribundo, y que quiénes se acercan a su morada antes de dejar este mundo en su podredumbre, solo lo harían para corroborar que su existencia suele ser la misma bajo los mismos términos en que se vive para morir. Y lo sabes por una cierta algarabía que en silencio se divulga en un solo murmullo entre ellos, y siguen esa misma procesión que se vuelve una costumbre.
En cada lugar a dónde se mirase todo era una profunda necesidad, los vicios y la prostitución abundaban y siempre bajo un carácter miserable ; si caminabas por las noches habría que hacerlo con sigilo. Tenía la sensación de que alguien había decidido que, en este lugar se debería de permanecer en una vida triste y arrancada de los principios más elementales.
Creía que sus sonrisas eran de disimulo pero, en los rostros de las mujeres existía la infamia y desolación; la ingratitud y perdición. Los hombres eran parte de su sola desesperación, los ancianos olvidados y los más pequeños pertenecían aun cumulo de conflictos que no les pertenecían, para heredar una postergación que nunca aceptarán. Pero ellos crecerán.
Solo se tenía que pasar desapercibido lo más que se pudiera y evadir alguna riña.
¿Y dónde ha quedado Dios?- Preguntarán.
Creo que olvido mirar hacía atrás, lo que dejó para una posteridad con el tiempo se corromperia y que, sin embargo, él lo sabía.
No me pregunté cuánto tiempo estaría en ese lugar, ni mucho menos si tendría la paciencia para aguantar, tenía cierta evasión a las situaciones presentes.
Desde hace bastante tiempo, entre algunas discusiones y pormenores, la vida en sí misma a transcurrido en los vaivenes del tren. Y el sonido de ese gelido viento todavía provoca impaciencia cuando lo escucho provenir de ningún lugar y perderse en las mismas calles.Me pregunto: ¿Por qué todavía al cruzar las ventanas parece responder al miedo?.
Las lluvias mejoraban el panorama del lugar pero, que se podría esperar de un arrabal alejado y olvidado. Era un paraje inmerso dónde los prejuicios sociales acaecian y , hacían mella en su gente causando dolor y pena. La lluvia alimentaban los pocos arbustos y el rio en su pobre afluente solo en ese tiempo se veía reverdecido.
La crudeza era inminente y los sueños como las esperanzas se consumían en la brevedad, para que al día siguiente se tuvieran que considerar para seguir existiendo.
Era inminente.
¿Qué si existe algo bueno en todo esto?
Todavia sigo con el temor de que suceda en algún momento lo inevitable.
Sigo cruzando ese río mirando hacía los lados con el miedo de nunca volverlo a cruzar y que en otras circunstancias, si pudiera ser, también cometer algún crimen y saber cuán vil puedo ser.
Todos somos de la misma calaña. Y cada quién va rasgando un lento porvenir.
Comentarios
Publicar un comentario