La luna en el espejo.

  Conoció a su prometido, meses después de la muerte de sus padres, se haría  cargo de los trabajos necesarios y del mantenimiento de los bienes heredados; de la casa y de las parcelas, la mayor parte del día era su ocupación y se abstraía del mundo que toda mujer anhelaria.
  Se levantaba al primer canto del gallo despues de pasar la noche en vela, probablemente terminando las ultimas tareas; eso suponia  la gente de los alrededores y vecinos al ver una luz encendida a altas horas de la noche, casi al amanecer
  Luego de esos largos meses de luto y frenesí, en una situación inesperada de una primera conversación, se dieron las citas posteriores y luego de un par de meses se acordó el compromiso. En una semana se hicieron los preparativos, y en dos más se celebraron las nupcias 
  Eso era lo que necesitaba para olvidar el hecho de que estaba sola con todas las responsabilidades, la falta de un hombre para aligerar la carga de los deberes; y ahora lo tenía a él a su lado.
  Era hermosa y todos los días se podía ver su alegría y felicidad a medida que pasaban los días del enlace matrimonial, su jovialidad era demasiado evidente y uno pensaría que desafiaría a la vejez.
  El día 29 de cada mes y en años bisiestos llevaba acabo una extraña costumbre que prodigó en los meses siguientes de matrimonio , y a la espera  que su pareja se durmiera, se dirigía a la antigua habitación de sus padres; y allí, después de oraciones y letanías, a la luz de las velas procedía a realizar su ritual que culmina con una larga invocación.
  En el encantamiento y bajo los efectos de la droga acostumbrada, en la cima de la montaña reía, farfullaba y se entregaba a libaciones carnales. 
  Su regreso era antes del amanecer para que cuando su esposo despertara no sospechara nada, y así cada día lucia más hermosa por la mañana.
  Vertía la hierba disuelta en la comida y bebida de la cena para adormecerle, y  lo sumía en un sueño profundo para evitar cualquier problema, a pesar de su recién matrimonio lo que también parecía ser un engaño y una mentira.
  Ella era una vertiente de lujuria y deseo con una vasta riqueza y la arrastraba a la vorágine de un capricho, era de ir más allá de lo terrenal adentrándose en el paganismo.
 Algunos meses se sucedieron antes de que la hierba vertida hiciera el efecto deseado,  por alguna distracción  y confusión, creería que en su perdido espíritu ese era su deseo profundo. 
  Pero, prosiguió con su ritual de esa noche. Al escuchar extraños ruidos en aquella habitación, levantose el hombre y se dirigió entré las sombras proyectadas de las velas; escuchó balbuceos y con los rezos, quedó sorprendido al momento de la letanía extraña a sus oídos.
  Muy pocos hombres mantienen la cordura, y ante tal situación decidió esperar los siguientes acontecimientos con actitud serena.
  Surgió lo inesperado y estupefacto una gran llama de fuego se elevó saliendo por la ventana, con la impresión en su mirada y con prisa se percató que la bola de fuego tomaba rumbo a la cima de la montaña, no sin antes sentir miedo al indagar la habitación dónde su amada había desaparecido.
  Tomó este hombre sus ropas y el caballo de cobertizo para seguir detrás de ella, a la misma montaña. Al llegar encubierto en la oscuridad se ocultó detrás de los arbustos cercanos, donde parecía haber una reunión.
  Ahí con aquellos seres profanos se encontraba ella desnuda a la luz de la luna.
  Después de un rato tuvo suficiente y decidió dar marcha atrás, de regreso a galope a la casona, dejó el caballo en el cobertizo y esperó en el abrigo de la estancia principal aguardando su llegada observando por la ventana.
  Los rumores eran ciertos, sobre la realización de ritos en la cima de aquella montaña conocida cómo " La cima de la desobediencia". Ahí se reunían adoradores que en sus alabanzas cometían cualquier clase de libaciones y perversiones.
  La bruja y esposa al verlo que le esperaba, con una mirada furtiva solo se mantuvo en silencio hasta que él decidió hacer algo al respecto. Tampoco dijo nada y se abalanzó a su larga cabellera para azirla y llevarla arrastrando hasta la calle principal. La noche se estaba aclarando y la mayoría de los que se dirigían a sus jornadas presenciaron ese acontecimiento.
  Al encontrarse en medio de la avenida principal empezó a vociferar intentando que el pueblo entero lo escuchará,  haciéndolo con rabia y coraje.
  -Esta es mi mujer y muchos de ustedes le conocen, pero déjenme decirles que detrás de esa belleza, que muchos adulaban; detrás  de ese mirada inocente existe una bruja con el alma vacía, lo digo por que lo he visto y constatado y que a raíz de engaños como de mentiras nos ha ocultado sus verdaderas intenciones. Y ha llegado el último día de su desenfrenada lujuria, porque lo he visto en la cima de la maldita montaña.
  La gente se acercaba a escucharlo hasta los más pobres, borrachos  y prostitutas; ella sin nada por musitar les observaba, ensimismada y semidesnuda cubierta de una especie de túnica larga y de color negro, la cabellera suelta y su mirada dispersa. 
  Estaba proscrita su vida.
  Como era de esperarse la ignorancia de la gente y la excitación de la situación, causan estragos en lo que nunca estamos acostumbrados a presenciar; y aún en aquello que desconocemos teniendo solo sospechas y rumores.
  ¿Qué es lo que hizo la muchedumbre al presenciar la indignación de un hombre engañado de manera pueril?
  ¿Que cruzó por su mente al constatar lo que era solo un rumor? Ante tal evidencia.
  Algunos que se encontraban cerca encendieron las antorchas, el fuego que consume cualquier cosa indeseable, así también los vicios como las virtudes; cuanto más una alma execrable y enjuiciada ante los ojos de una multitud incrédula.
  Inmutable aceptó su condena. 
  

  
  
  
   
  
  

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