Procesión.
Es momento de ir a dormir
apagar la luz,
con la habitación en tenues
sombras;
cortinas a medio correr
la ventana en breve abierta,
puertas cerradas
en esta tarde temprana;
con una vida tan larga,
caminada.
La experiencia,sin duda;
austeridad de apetencias
las arenas del reloj
con el licor en libación,
según los viejos años
de andanzas;
en las palmas de tus manos
en las plantas de tus pies
y del barro hecho el hombre,
la vejez.
Con apelación de los años
el sepulcro esperado
¿sabes bien quién te espera?
con misa a ruego y rezo
ante los santos,
que no son de piel y hueso;
era un mal consejo
¡¿y que Dios me perdoné!?
en el credo de está vida
y de vuestra gloria.
Con el coraje
de oídos sordos,
cómo de los corazones necios;
y de la vergüenza
a quién se acusa
arrastrado bajo sus pasos,
cerrar los ojos
para dejar de proferir
la insolencia en boca.
En la procesión
de los congéneres
de una fría mañana
con un aire ligero,
de hálito socavado;
en la humedad de las calles
el luto que empieza,
padecimiento inacabado;
se resguardan las costumbres
los quehaceres
y la nostalgia,
en el ápice del silencio
la petición de una vida perdida,
para el tiempo
de quién le acoja.
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