La algarabía de los comensales.


Se encuentran las mesas ya dispuestas 
para los comensales,
preparando las viandas;
como en todas las reuniones,
habéis de encontrar entré ellos
hombres de porté y figura; 
entré ellos encontraréis
alcaldes alegres y bribones 
algunos de una sola pieza, 
también algunos; 
mentirosos y ladrones 
juglares de esté tiempo; 
y otros ,con manos maliciosas.
Las mujeres de todas clases 
desdé la aristocracia;
mendigaces y vulgares, 
cada una de ellas
en sus respectivas poses.
Caballeros con sus damas
de baja clase y alto porte,
sin olvidar a la mesa
borrachos y prostitutas
todos de baja estofa,
¿Falta alguien más sobré la mesa para deleitarse  de manjares? 
¡Hace bien quién lo pregunta! 
Es la algarabía de los comensales 
con el festejo de alborotos
indiscreciones e impertinencias, 
escuchando voces inaudibles
y alguno que otro con sandeces,
mientras se complacen al arbitrio. 
Las lenguas y paladares
deleitándose; 
con los vinos de alforja y barril 
para verles discurrir; 
entré los platos y cubiertos
la exquisitez de los gustos
siendo éstos diversos 
por que, bien sabéis; 
los restos para los gatos son puestos. 
Algunos más y otros menos
han ocupado sus asientos,
y así disertar aunque
con cierto agravio disuelto.
Es la algarabía de los comensales 
con sus mujeres engorrosas
y los hombres medio muertos, 
cuándo por debajo de la mesa 
se han levantado las faldas, 
pero, si hasta el alcalde
a salido con los pies por delante
diciendo improperios 
cuándo se ha desalojado el recinto,
han dejado el lugar en zozobra 
con los perfumes y sudores 
en la ausencia socarrona y burlona. 
"El salero"
El salero sobré la mesa, en el vaivén de las bocas hablantes y de la mano a otra de los comensales;como un espectador a la escucha en los diálogos de los mismos invitados o de cualquier sobremesa, antes de alguna réplica; con la política del mundo en boga. Ahí está el salero en medio de la mesa y sin decir palabra alguna, aunque estuviera en desacuerdo y algunos hablantes estén errados; sólo está para condimentar los momentos de su savia necesidad que son los alimentos, incitando al paladar a proferir reputaciones vanas o discretas; compensando el alimento y hasta en los entremeses está a la mesa dispuesto e irascible en el preámbulo de la sapiencia.



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