El micho.
Al estar en el acomodo para la merienda de la noche,que en cuánto llegas a la pobredad de la mesa y dónde se a encontrado cada noche en esa mesa y en cada propicia merienda;ahí se encuentra en espera bajo la atenuidad de la luz con una mirada de perspicacia y suspicacia para compartirle un poco de alimento,sin escuchar el desliz de sus pasos sólo percibir el roce en las pantorrillas con un inquietante ronronear;mostrando la misma inquietud de compartir desdé meses atrás todo pensamiento y que absorto procuras guardar en el silencio de cada noche,te das cuenta de que es parte de aquellos pensamientos considerados una y otra vez ;mirando la estancia algo sobria para una sola persona en tanto vuelves la vista hacía la ventana,junto a ella y bajo los peldaños un divan rectangular, un sillón individual,el librero así cómo la puerta hacía las escaleras por dónde se va al segundo piso y el primero al exterior;entretanto dispensas un poco la mirada hacía la lejanía intentando traer de regreso cualquier rememoranza que venga a tú memoria,volviendo la vista al interior de la estancia y detenerla en la suspicacia del micho haciendo lo habitual en los estantes de los libros;ante esa disyuntiva vienen algunos titulos conocidos pero la presencia incondicional sigue ahí sin incomodarle el retraimento.
Al abrir la puerta para dirijirte hacía el pasillo con el aire de la noche y la brisa avisando la lluvia,a esas horas el bullicio se a sosegado en la apetencia del sueño y poco a poco se apagarán todas las luces; en breve tiempo.Todo lo perceptible se encuentra en el propio entorno aunque parece el mundo algo distanciado,para mirar arriba de los techados el cielo abierto mostrándose vislumbrado y ahí sobré el borde de los techados más próximos; con la silueta que le da la luz de la luna voltea hacía ti con los ojos adormecidos y vuelve a su posición natural.Después de respirar un poco más el aire nocturno regresando a tú estancia dispuesto al descanso mientras oscilas en el regazo del sueño pero,después de limpiar los enseres de la merienda;discurres entre la estancia,los pensamientos, los cuadros de la pieza contigua y los propósitos de los años para que al día siguiente llevar acabo los quehaceres de una vida diaria y al apagar la luz el micho está sobré la ventana en la penumbra.
¡Que vida más triste!
Al levantarte y la estancia al estar en una brevedad iluminada preparas todo para el comienzo del día con el café, la leche y el pan con la presencia siempre tan previsoria del micho en la espera de lo puesto sobre la mesa mientras incurres entré lo que debería de ser a elección de la indumentaria de la camisa y la corbata en la disposición del día lejos de casa;todo queda a resguardo excepto la ventana.
El día trancurrio sin dificultades. Para subir las escalera con la lejana presencia de alguien más escepto la del micho en la misma rutinaria dicha de la pobredad de la mesa y con lo dispuesto a compartir lo dispuesto en ella.
Al abrir la puerta para dirijirte hacía el pasillo con el aire de la noche y la brisa avisando la lluvia,a esas horas el bullicio se a sosegado en la apetencia del sueño y poco a poco se apagarán todas las luces; en breve tiempo.Todo lo perceptible se encuentra en el propio entorno aunque parece el mundo algo distanciado,para mirar arriba de los techados el cielo abierto mostrándose vislumbrado y ahí sobré el borde de los techados más próximos; con la silueta que le da la luz de la luna voltea hacía ti con los ojos adormecidos y vuelve a su posición natural.Después de respirar un poco más el aire nocturno regresando a tú estancia dispuesto al descanso mientras oscilas en el regazo del sueño pero,después de limpiar los enseres de la merienda;discurres entre la estancia,los pensamientos, los cuadros de la pieza contigua y los propósitos de los años para que al día siguiente llevar acabo los quehaceres de una vida diaria y al apagar la luz el micho está sobré la ventana en la penumbra.
¡Que vida más triste!
Al levantarte y la estancia al estar en una brevedad iluminada preparas todo para el comienzo del día con el café, la leche y el pan con la presencia siempre tan previsoria del micho en la espera de lo puesto sobre la mesa mientras incurres entré lo que debería de ser a elección de la indumentaria de la camisa y la corbata en la disposición del día lejos de casa;todo queda a resguardo excepto la ventana.
El día trancurrio sin dificultades. Para subir las escalera con la lejana presencia de alguien más escepto la del micho en la misma rutinaria dicha de la pobredad de la mesa y con lo dispuesto a compartir lo dispuesto en ella.

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